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TENTACIONES DEL DEMONIO

Aunque no me gusta escribir sobre el demonio, en esta ocasión, debo hacerlo por la experiencia que Dios me permitió evidenciar hasta el día de hoy.

Muchas veces he escuchado del Papa Francisco frases como: “Santanas es educado” – “no entrar en diálogo con el diablo” como “hizo Eva” – “No dialogar con el diablo, el gran mentiroso” – “El demonio existe, no es un mito y le tengo miedo” – “Meteos esto en la cabeza: con el diablo jamás se dialoga” –

También, he escuchado por parte de mi Director Espiritual: “El demonio nos tienta con males vestidos de bien” – “El demonio se hace pasar por ángel de luz” – “La astucia del demonio es más grande que la de todos los seres humanos que existieron, que existen y que existirán”

Y como se nos dice en las Sagradas Escrituras:

  • “Porque surgirán falsos mesías y falsos profetas, y se presentarán con grandes señales y prodigios para engañar, si fuera posible, incluso a los elegidos” (Mt 24, 24)
  • Surgirán falsos mesías y falsos profetas, y harán señales y prodigios para engañar, si fuera posible a los elegidos. (Mc 13 – 22)

Nosotros, como seres humanos, no logramos comprender por completo estas palabras que nos dicen una y otra vez. En nuestra humanidad limitada es difícil entender el significado; no nos cabe en la cabeza la inmensidad de estas palabras que tienen un significado esencial en nuestro caminar por este mundo.

Pues déjenme decirles que eso mismo me pasaba a mí, muchas veces he escuchado como nos tienta el demonio, cuáles son sus planes, sus artimañas, como nos engaña vestido de falsos bienes, etc.  Pero no había logrado trascender totalmente esas advertencias, hasta que Dios me dio la oportunidad de vivirlo directamente, logrando ver con los ojos del alma, para así interiorizar cada palabra que me habían dicho y que había escuchado anteriormente.

Es impresionante como el demonio se viste de dulzura, amor, cariño, respeto, decencia, delicadeza, fraternidad, justicia… Ahora entiendo porque le llaman “El príncipe de la mentira y el engaño”. Se hace pasar por una persona buena, alegre, tranquila, amable, tolerante, servicial… Pero lo que no sabemos es lo que está tramando por dentro, como logra atacarnos por donde más nos duele o por donde menos lo esperamos.

Es muy hábil, pues se viste de bondad para ganarse nuestra confianza y nuestro respeto, para que nosotros le tratemos como una persona más del común; se muestra muy paciente y trata de acercarse cada vez más y más para ganarse por completo nuestra confianza y nuestro amor sin apenas darnos cuenta de que estamos cayendo en su juego, en su trampa y sus enredos. Sin darnos cuenta, se va metiendo en nuestras vidas hasta el punto de preocuparse por nosotros, de querer ayudarnos en nuestras dificultades, de apoyarnos en nuestros propósitos.

En definitiva, nos lleva disimuladamente a que actuemos de acuerdo con nuestras capacidades humanas y sin tener en cuenta a Dios para nada. Incluso descaradamente puede llegar a decirnos que vayamos a Misa, que recemos el Santo Rosario, que hagamos obras de caridad material y, luego que lo hacemos, vuelve sobre nosotros con más fuerza para que sigamos una vida mundana, sin tener en cuenta a Dios en lo que hacemos diariamente. ¡Qué astucia!

La clave está en que, en todo momento de nuestra vida, nos preguntemos:

  • ¿En qué estoy beneficiando a Dios en esta decisión que estoy tomando?
  • ¿En todo lo que hago, estoy pensando en la Salvación de mi prójimo tanto como en la mía?
  • ¿Estoy teniendo en cuenta los criterios de Dios en todo lo que hago?
  • ¿Estoy viviendo el Mandamiento del Amor en mi vida?

Ahora podemos entender porque Jesucristo le llama: “El príncipe de este mundo”, pues en sus manos tiene el dominio de la tierra toda entera, nos manipula de tal manera, que caemos fácilmente, sin siquiera darnos cuenta, sin ser conscientes de que estamos adorando a satanás…  Es tanto su poder para con nosotros, que nos engaña, haciéndonos creer que estamos haciendo lo correcto para Dios, pero en realidad estamos ofendiendo a Dios con esos actos del mundo y/o decisiones egoístas para beneficio propio.

Nosotros, los seres humanos nunca seremos capaces de vencer al demonio por nuestra cuenta, siempre necesitaremos de una mano amiga, la mano de Dios, que nos ayude a discernir que viene de Dios y que viene del demonio (del ángel de luz) Si no discernimos continuamente, muy fácilmente podemos caer en las garras del enemigo, dejándonos envolver por sus engaños, quedando atrapados como una mosca en una telaraña.

Todo esto nos lleva a reconocernos débiles y necesitados de Dios, a buscar a Dios en todo momento para que Él sea nuestra guía y nuestra luz en el caminar por este mundo de tinieblas, para no tropezar, para no perdernos o distraernos con cosas del mundo, cosas aparentemente buenas que tienen el objetivo de hacer daño a nuestra alma, alejándonos del infinito Amor de Dios.

Hemos escuchado siempre, o estamos acostumbrados, que el demonio se nos presente de manera: fea, grotesca, seductora, con tentaciones comunes y evidentes del mundo muy placenteras, y es allí inmediatamente donde estamos preparados para hacerle frente y no caer. ¿Pero y si se nos presenta como ángel de luz fascinante? ¿Cómo le haremos frente, si ni siquiera lo reconoceremos?

Ahora las tentaciones serán absolutamente diferentes. Por ello debemos de seguir a Cristo totalmente como Él nos enseñó, con su ejemplo de vida y como lo dejó bien explicado en las Sagradas Escrituras, para todo aquel que quiera serle fiel y Amarle, así como Él nos ama a nosotros.

Dios, que ve en lo escondido, sabe que queremos seguirle fielmente y viene y nos ayuda a puentear toda tentación del maligno, para que elijamos única y exclusivamente los intereses de Dios y no otros.

De nada vale seguir a Dios a medias, guardarse cartas bajo la manga, buscarlo cuando lo necesitamos o buscarlo cuando estamos mal. Debemos dar todo por Dios.

Es todo, o nada. ¿Por qué no seguir fielmente a quien nos dio la vida?

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