Dios, Creador del universo y Padre nuestro, se encarnó, se hizo hombre y se quedó en la Eucaristía, para darnos la posibilidad de salvar nuestra alma y la de nuestro prójimo y disfrutar de Su presencia por toda la eternidad.

Si anteponemos la salvación del prójimo y la nuestra al bienestar físico o material, estaremos cumpliendo Su Voluntad, y por tanto nos dará como prometió “el resto por añadidura”.

 

Adoración Eucarística

Llegar a Amar así, es imposible sin Él en nosotros. Por eso nos dijo: “Pedid y se os dará, buscad y hallaréis, llamad y se os abrirá; porque quien pide recibe, quien busca halla, y al que llama se le abre… Si vosotros, pues, que sois malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo piden?” (Lucas 11, 5). Solo pidiendo que su Espíritu esté en nosotros, podremos

Vamos pues a pedírselo, a agradecerle, a dejarnos Amar, a adorarle en la Eucaristía, escuchando lo que nos dice a través de San Alfonso María de Ligorio: “¡Ah!, y ¿qué haremos, preguntáis algunas veces, en la presencia de Dios Sacramentado? Amarle, alabarle, agradecerle y pedirle. ¿Qué hace un mendigo en la presencia de un rico? ¿Qué hace un enfermo delante del médico? ¿Qué hace un sediento frente a una fuente cristalina?” (San Alfonso Mª de Ligorio. “Visitas al Santísimo. Sacramento”).

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